Tema 10: Narraciones del judaísmo postexílico
1. El judaísmo del Segundo Templo
RETORNO DEL EXILIO.- El Edicto de Ciro (538 a.C.) es ocasión para el "regreso" de los hebreos a Jerusalén. En realidad, vuelve una minoría "cualificada", que:
Tiene raíz sacerdotal o levítica.
Se considera a sí misma como "el verdadero Israel", porque:
cumple la Ley de Moisés,
es descendiente de Abraham,
Todo ello le da derecho a instalarse en la Tierra Prometida.
PERIODO PERSA.- Los persas, tolerantes en materia religiosa, conceden autonomía administrativa y religiosa a los judíos de Jerusalén. La provincia que más tarde se llamará "Yehud", dentro de la gran provincia persa Transeufratina, se extiende poco más allá de Jerusalén. Así, a partir de este momento se llamará "Israel" no a un Estado político (que desapareció con la monarquía), sino a una comunidad de carácter religioso, la "comunidad del Templo", pues toda la vida girará en torno al Templo de Jerusalén. Tal como se puede adivinar tras la lectura de algunos textos de la época, la instauración de este sistema contó con la oposición de parte del pueblo que había quedado en la Tierra sin marchar al exilio.
PERIODO HELENISTA: Las conquistas de Alejandro Magno dan lugar a los Estados helenistas. Palestina es gobernada primeramente por los ptolomeos, y más tarde por los seléucidas. El helenismo aglutina elementos griegos y orientales. La helenización forzada de Antíoco Epífanes IV provoca las guerras macabeas (167 a. C.), tras las cuales se instaura la dinastía asmonea.
2. La religión del judaísmo del Segundo Templo
EL TEMPLO.- El centro de toda la vida religiosa y social es el Templo de Jerusalén. Su santidad se extiende gradualmente a todas las estructuras sociales y políticas. Lo sagrado se amplía a la Ciudad entera, y es ahora cuando Jerusalén cobra el carácter de Ciudad Santa. Desde Jerusalén, toda la Tierra Prometida adquiere este carácter. Por otro lado, hay que separar y delimitar claramente lo "sagrado" y lo "profano", sobre todo a tres niveles::
entre "clase sacerdotal" (sagrada) y "pueblo" (profano),
entre el "Templo" y sus distintas dependencias (sagrado) y el resto del territorio (profano)
entre el "shabbat" (sagrado) y el resto del tiempo (profano).
LA LEY.- "De Sión saldrá la Ley / y de Jerusalén, la Palabra del Señor" (Is 2,3). Desde el Templo, bocas sacerdotales exponen la Palabra del Señor, que es su "Torá", su "Enseñanza", su "Ley". No estamos seguros si por "Ley-Torá" se entiende en este momento el Pentateuco tal como lo conocemos hoy. En cualquier caso, se empieza a acuñar la idea de la centralidad de la Torá, que tiene un doble cometido:
Es la señal de identidad judía dentro del imperio persa, y en cierto modo como su "estatuto de autonomía".
Es la reguladora de toda la vida del ser humano, que de este modo coloca toda su existencia, hasta los detalles más pequeños, bajo la mirada de Dios.
EL PUEBLO.- Como decíamos antes, a partir de ahora "Israel" es el nombre de una comunidad religiosa. Ella es la heredera de las promesas que Dios hace a Abraham, y por tanto la única comunidad que tiene derecho a poseer la Tierra. Pero no todo habitante de la Tierra Prometida es Israel; hay unas señales de identidad, que constituyen la norma para pertenecer a "Israel":
Una línea de antepasados que se remonta hasta Abraham; para demostrar esta unidad de linaje, se confeccionan genealogías.
La "alianza de la circuncisión", la señal del pacto de Dios con Abraham.
El cumplimiento de la Ley de Moisés.
EL MONOTEÍSMO.- "Un único Templo, una única Ley, un único Pueblo... porque hay un único Dios". Es ahora cuando la exclusividad de Yahvé como Dios único de Israel llega a sus últimas consecuencias: "Yo soy el primero y yo soy el último, no hay dios fuera de mí" (Is 44,6). Él no sólo es el Dios de Israel, sino también el Dios que creó el mundo, y el "Dios del cielo", el "Señor del mundo", que domina sobre todos los reyes de la tierra. Es el Dios soberano supremo, que no se deja manipular por el hombre, y por tanto, que no tiene imagen.
RECHAZO DE LAS DEMÁS FORMAS DE "YAHVISMO".- La necesidad de mantener clara la identidad judía obliga a la eliminación de otras formas de judaísmo "pre-deuteronomista", tal como se viviría todavía en ciertas zonas rurales, o en antiguos santuarios locales, o en regiones geográficamente lejanas. A partir de ahora existirá una única forma de servir a Yahvé.
3. La literatura del judaísmo del Segundo Templo
La necesidad de clarificar qué es Israel obliga a recrear instituciones que definen su identidad:
Una historia común: un antepasado común (Abraham), la conquista de la Tierra "con el brazo fuerte de Yahvé", una monarquía ideal (David), etc. Todo esto será el núcleo de las tradiciones narrativas que están en la base de los relatos del Pentateuco, la historia deuteronomista y la historia cronista.
Una legislación común, que preceptúa todos los ámbitos de la vida, cuyo núcleo es la vida litúrgica, y cuyo redactor es Moisés.
Es una época que no nos ha dejado grandes hazañas históricas, ni casi ningún testimonio arqueológico o epigráfico, pero que sin embargo legará un gran herencia literaria. Este Israel, la sociedad judía del Segundo Templo, será el autor de:
El Pentateuco, aunque nos sea imposible precisar con más exactitud cuándo se termina de componer, y sólo podamos conjeturar alguna hipótesis sobre qué tradiciones pueden estar detrás de su redacción, cuándo surgen y cómo se combinan entre ellas para dar el Pentateuco actual.
La historia deuteronomista, tras la experiencia del Destierro y el Retorno, que hacen reinterpretar la historia de modo nuevo.
Probablemente la última edición de los libros proféticos, recopilando y agrupando de forma inteligente materiales más antiguos.
Otros escritos que se van incorporando a la Biblia hebrea, como la historia cronista, las narraciones ejemplares, las composiciones poéticas, obras de la literatura sapiencial.
1. Una nueva narración historiográfica
No era la primera vez que se componía un relato historiográfico sobre Israel; ya anteriormente la "historia deuteronomista" había concebido un gran relato catequético que ilustrara la enseñanza de la escuela deuteronomista.
Probablemente al terminar el siglo IV a C., en el seno de la tradición sacerdotal, se vuelve a escribir la historia pasada con una fuerte impronta teológica más acorde con el judaísmo del Segundo Templo, teniendo como base el relato de los libros de Samuel y Reyes, a los que copia en muchos lugares.
La historia cronista abarca los dos Libros de las Crónicas, y los libros de Esdras y Nehemías.
Los protagonistas de este relato son:
Los israelitas, a quienes se dedican amplias genealogías. Las genealogías actúan a modo de "mapa" en el que cada israelita y cada familia encontraba su lugar correspondiente en Israel.
David, el rey ideal, del que se callan los defectos expuestos en las narraciones de los libros de Samuel, y que en la historia cronista proyecta no sólo la edificación del Templo, sino incluso el ordenamiento de la liturgia.
En esta perspectiva, cabría pensar que estamos en un momento de exaltación monárquica o mesiánica. No es así: no se añora la monarquía, que trajo la ruina a Israel, y la dinastía davídica no tiene más misión que proyectar, construir y ordenar el Templo. Una vez cumplida esta tarea, no tiene importancia el destino futuro de la dinastía.
El Templo: De los 65 capítulos de 1-2 Crónicas, 25 de ellos están reservados al Templo y su organización. Todo el relato está impregnado del esplendor de la liturgia.
Los libros de las Crónicas son anónimos. Ante la imposibilidad de poder precisar su autor, lo denominaremos simplemente como "Cronista".
Aunque el Cronista cita frecuentemente sus fuentes, no estamos ante una obra "histórica", sino más bien "historiográfica", en la que más que contar "cómo sucedieron realmente las cosas", transmite "cómo imaginaron los hombres de esa época que podían haber sucedido las cosas". Por eso, más que informar sobre detalles históricos de los hechos narrados, nos sirve para conocer mejor la sociedad en la que se movió el Cronista.
Estos dos libros tienen tres grandes secciones:
La genealogía del pueblo (1 Cro 1-9). Es una cadena compleja, árida, que enlaza a Adán (la creación) con David (el Templo)
La construcción del Templo (1 Cro 10-2 Cro 9). La ocupan David (que proyecta el Templo) y Salomón (que lo construye).
Esplendores y miserias del reino de Judá (2 Cro 10-36), desde la muerte de Salomón hasta la ruina del 586. Sin embargo, al final se abre a la esperanza, puesto que se cierra con la publicación del Edicto de Ciro.
3. Los libros de Esdras y Nehemías
Situación temporal: parece ser que el orden cronológico de los libros debería ser Nehemías - Esdras. Detrás de estos personajes están los acontecimientos de la inmediata vuelta del Destierro, bajo el jefe político Zorobabel y el sacerdote Josué, que concluyeron con la dedicación del Segundo Templo (515 a. C.).
Nehemías habría actuado bajo el reinado de Artajerjes I (465-423 a.C.)
Esdras habría actuado bajo el reinado de Artajerjes II (404-358 a. C.)
Nehemías 8: (cf. Prueba de Evaluación a Distancia, p. 6)
Rodeado de toda la asamblea de Israel, con trece asesores laicos y trece levitas, Esdras proclama y despliega "el libro de la Ley de Moisés" (¿nuestro Pentateuco?).
La proclamación de la Palabra de Dios suscita conversión, compromiso de caridad, y la fiesta de las Tiendas.
Esdras: contiene diversa documentación en arameo: edictos de Ciro, Darío, Artajerjes, y otros funcionarios persas.
1. Primer libro de los Macabeos
Abarca desde la subida al trono de Antíoco IV (175 a. C.), hasta la muerte de Simón, el último hermano macabeo (134 a.C.)
Los verdaderos protagonistas son los "hasidim", los "piadosos", que sostienen el combate contra el helenismo.
La narración tiene un fuere carácter épico y patriótico.
2. Segundo libro de los Macabeos
No es la continuación del 1 Mac, sino la repetición entusiasta de la historia de Judas Macabeo, ya narrada en el primer libro.
2 Macabeos recoge tesis novedosas:
La resurrección y la vida eterna, como premio que Dios creador da a los mártires.
La oración por los vivos y los difuntos, que está en el debate entre católicos y protestantes por el purgatorio.
La creación "de la nada".
La angelología.
4. Cinco historias ejemplares: Rut, Tobías, Judit, Esther y Jonás
Son narraciones de carácter homilético ejemplar, a modo de parábolas morales, que se usan como vehículo para transmitir un mensaje, una llamada, un ejemplo que imitar.
| RUT |
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| TOBÍAS |
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| JUDIT |
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| ESTHER |
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| JONÁS |
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Escribe
al profesor (José Alberto
Garijo) si tienes alguna duda