Tema 4: La historia deuteronomista
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ÍNDICE |
1. El proyecto historiográfico deuteronomista
1. La hipótesis de la "historia deuteronomista" de Martin Noth
La hipótesis de la historiografía deuteronomista fue formulada en primer lugar por Martin Noth en 1942.
Según esta hipótesis, los libros de Josué, Jueces, 1 Samuel, 2 Samuel, 1 Reyes y 2 Reyes en su conjunto constituyen un proyecto historiográfico que ve su luz alrededor de los años del exilio de Babilonia, en el entorno de la escuela deuteronomista.
La destrucción de Jerusalén y el exilio del 587 a.C. parecen contradecir las promesas que Dios había hecho a su pueblo. Se pierde la tierra. ¿Por qué ha ocurrido esto? Para responder a esta cuestión, la escuela deuteronomista repasa lo ocurrido desde que Dios da la tierra prometida (libro de Josué) hasta que se pierde la tierra (2 Reyes), tomando como punto de partida para enjuiciar los acontecimientos la fidelidad de Dios con su pueblo.
A partir de materiales de diverso tipo, los autores construyen un relato teniendo en cuenta los grandes temas de la teología deuteronomista:
La promesa y la fidelidad de Dios.
La elección de un pueblo y la alianza con él.
La entrega de una tierra.
La ley que le indica al hombre el camino de la vida.
La "teoría de la retribución": se basa en el binomio delito-castigo, fidelidad a la alianza - premio. Cuando Israel ha sido fiel a la alianza, ha tenido paz; cuando ha incumplido la alianza, Israel ha sido vencido por sus enemigos. Israel ha incumplido la alianza, y por eso no ha podido conservar la posesión de la tierra que Dios le había dado. Un texto paradigmático de este principio teológico es Jc 2,11-19.
En la Biblia hebrea estos libros son clasificados como "profetas anteriores", en contraposición a los "profetas posteriores" (Isaías, Jeremías, Ezequiel, y los Doce Profetas).
Las razones de esta denominación son:
En ellos aparecen "profetas": Samuel, Natán, Gad, Elías, Eliseo, Isaías, Hulda, etc.
Muestra una visión de la historia de la humanidad y de Israel según la cual la historia no es una sucesión muda de acontecimientos casuales, sino que la historia tiene un sentido, una orientación. Está orientación depende de Dios, que convierte a la historia humana en "historia de la salvación". Y por ser una historia transmisora de un mensaje de parte de Dios, es "historia profética".
1. La conquista de la tierra prometida (Jos 1-12)
LA BIBLIA Y LA HISTORIA DE LOS ORÍGENES DE ISRAEL
Como ya sabemos por la asignatura de "Historia de Israel", el estudio histórico de los orígenes de Israel es el problema más complejo al que se enfrenta la investigación histórica sobre la Biblia. Un problema que actualmente está en el centro de todos los debates entre los estudiosos, sobre todo tras las aportaciones de Israel Finkelstein y de las "Historias independientes de Palestina".
Hemos de tener en cuenta que la Biblia no es un libro de historia, lo cual no descarta la posibilidad de que los autores usaran, entre materiales de otro tipo, también materiales de tipo histórico para componer sus relatos. Pero sobre la historicidad de los acontecimientos narrados sólo podremos emitir un juicio tras someterlos al método histórico-crítico.
Este sometimiento del juicio sobre la historicidad de las narraciones al método histórico-crítico no afecta para nada a la veracidad o inerrancia bíblica, que como sabemos, es consecuencia de la inspiración bíblica, y en virtud de ella la Biblia enseña firmemente y sin error la verdad que Dios quiso consignar en ella "para nuestra salvación" (cf. Dei Verbum 11).
LA HISTORICIDAD DEL LIBRO DE JOSUÉ
Resulta difícil afirmar la historicidad de los acontecimientos narrados en el libro de Josué por:
La distancia temporal entre los supuestos sucesos narrados, y la época en la que se redacta el libro.
Las incongruencias entre el texto y algunas conclusiones derivadas de la investigación arqueológica (Jericó, Ay).
Parece que hay que pensar que el relato de Josué, más que reproducir con fidelidad histórica cómo sucedieron realmente los hechos, refleja más bien cómo se pensaba en aquella época (siglo VI-V a.C.) que habían sucedido los hechos. Por tanto, deberíamos calificarla de "narración historiográfica" más que de "obra histórica" propiamente dicha.
Parece más bien que hay que concluir que la intención del autor no fue proporcionar datos de tipo histórico sobre la conquista de la tierra, sino ofrecer pistas para responder a la siguiente cuestión: "¿Por qué hemos perdido la tierra prometida?". El lector encontrará en este relato la respuesta: Dios dio esta tierra a Israel a cambio de cumplir la alianza; la tierra se ha perdido porque no hemos sido fieles.
EL "HEREM" ("EXTERMINIO")
Uno de los mayores problemas que presenta la lectura del libro de Josué para un lector moderno es la presencia de relatos de guerras, en los que se extermina sin piedad al enemigo. Por ejemplo, en el relato de la conquista de Jericó, se dice: "Consagraron al exterminio todo lo que había en ella, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, bueyes, ovejas y asnos, pasándolos a cuchillo" (Jos 6,21; cf. Jos 10,28-43).
Esta "institución" aparece citada en Dt 20,16-18: "En las ciudades de estas naciones que el Señor te da como heredad no dejarás ni un alma con vida. Consagrarás al exterminio a los hititas, amorreos, cananeos, pereceos, jeveos y jebuseos, como te ha mandado el Señor tu Dios. De esta manera no os enseñarán a cometer las abominaciones que ellos cometen con sus dioses, y no pecaréis contra el Señor vuestro Dios".
Además de lo indicado en las "Pistas para para resolver algunos problemas de la relación entre Biblia y verdad", nos puede servir para este caso tener en cuenta que:
La historicidad de los relatos de Josué es bastante débil, con lo cual no es probable que estos acontecimientos ocurrieran realmente.
Pertenece al género literario de "guerra santa", a través del cual se expresa la presencia eficaz de Dios en la historia.
El "herem" ("exterminio") indica que el botín de guerra pertenece sólo al Señor, porque sólo gracias a Él se ha conseguido la victoria. Por eso se le sacrifica todo en holocausto.
La encarnación de la Palabra de Dios en la historia supone una lenta y paciente adaptación de Dios a la fragilidad del hombre. Habrá que esperar al Nuevo Testamento para poder llegar a la plenitud de la revelación.
2. El reparto del territorio (Jos 13-22)
Se describen pormenorizadamente las fronteras, los territorios y las ciudades de cada tribu.
Es un relato claramente idealizado, en el que predomina la intención religiosa: la tierra es el gran don que Dios ha dado a su pueblo.
En sus últimos retoques ha podido tener influencia de la tradición sacerdotal, sobre todo por las referencias a los levitas, que no reciben una propiedad territorial, porque "Yo, Yahvé, soy tu porción y tu heredad entre los israelitas" (Nm 18,20; Sal 16,5-6).
3. La Asamblea de Siquem (Jos 24)
Todo Israel, instalado ya en Canaán, se reúne en Siquem, en el centro mismo de la tierra prometida, convocado por Josué, para ratificar una alianza con Yahvé que le ha dado la tierra.
El acto comienza recitándose lo que ha venido en llamarse "credo histórico" (Jos 24,1-13). Es el relato de los acontecimientos salvadores: los patriarcas, el éxodo, y la tierra. Se le suele llamar "credo" porque es como la "profesión solemne de fe" que el cristiano hace en momentos importantes de su vida.
El libro aparece como continuación literaria del libro de Josué. A diferencia de la imagen de "todo Israel unido" que da el libro de Josué, en Jueces cada tribu actúa con gran autonomía.
El número de "doce jueces" y la asignación de "un juez por cada tribu" revela su carácter artificial. El número doce siempre es indicación de "plenitud" referida al pueblo de Dios.
Se suelen dividir en jueces mayores y menores:
Los "mayores" gozan de una atención especial, pues tienen un relato propio.
Los "menores" no tienen relato propio, sino que simplemente se les nombra, mencionando su origen, y los años de su mandato.
2. Características de los jueces
El verbo hebreo "shafat" ("juzgar") significa también "gobernar". Por eso, se les debe considerar verdaderos dirigentes del pueblo.
Constituyen un poder no hereditario, por lo que todavía no se les puede considerar "reyes".
Actúan sobre todo cuando el pueblo está pasando por dificultades, debido a los ataques de los enemigos. Una vez que se ha resuelto el problema, vuelven a su posición anterior.
Algunos tienen una procedencia marginal: Débora es mujer, Gedeón es de la familia más pobre de Manasés, Jefté es hijo de prostituta, Sansón es algo violento,...
1. Las narraciones de Samuel y Saúl (1 Sam 1-15)
SAMUEL (1 Sam 1-7)
Se narra su historia,, desde su nacimiento de madre estéril (1 Sam 1), su vocación (1 Sam 3), hasta la instauración de la monarquía. En el trasfondo de la narración late la amenaza filistea.
Es el prototipo de los profetas, el último de los jueces, "padrino" forzado del nacimiento de la monarquía. Encarna la oposición profética a la religiosidad puramente exterior y ritualista, y al poder injusto.
SAÚL (1 Sam 8-15)
La figura del primer rey de Israel es descrita con simpatía, a pesar de la tragedia que rodea su vida, por sus frecuentes ataques de locura, el abandono de Dios y su muerte en la batalla de Guelboé.
El relato combina escenas luminosas (cf. 1 Sam 10-11, las victorias de Saúl) junto con otras negativas (1 Sam 15, el rechazo de Dios).
2. La "Historia de la subida de David al trono" (1 Sam 16 - 2 Sam 4)
Abarca la historia de David desde que de muchacho trabajaba como pastor cuidando las ovejas de su padre, hasta que se convierte en rey de Judá e Israel y recibe la promesa de una descendencia eterna.
La narración se entreteje de esta forma:
David llega a la corte de Saúl como cantor que alivia al rey de su melancolía. Entabla batalla con Goliat y rápidamente asciende como militar y crece su fama entre el pueblo. Saúl le toma envidia, mientras que entre David y Jonatán, el hijo de Saúl, se forja una fuerte amistad. Aunque Saúl busca la muerte de David, David da continuas pruebas de fidelidad al rey. David huye al país filisteo, y allí forma un grupo armado para sobrevivir en el desierto. Más tarde se constituye jefe de mercenarios al servicio de los filisteos. Una vez muerto Saúl, sus paisanos del sur lo eligen rey de Judá en Hebrón, y siete años más tarde, a la muerte de Isbaal, el último hijo de Saúl, es aclamado rey de Israel.
El autor de esta narración es un partidario declarado de David. Hay que tener en cuenta que David se proclama rey de Israel en extrañas circunstancias, sin ser descendiente de Saúl, y después de la muerte de éste y de sus hijos. La "Historia de la subida de David al trono" tiene un claro carácter apologético, de defensa de la figura de David y de la legitimidad de su familia.
Desde el punto de la crítica literaria, el relato presenta duplicados, interrupciones y episodios que se entrecruzan, lo cual es una muestra de la confluencia de fuentes distintas y retoques redaccionales en la historia de su composición.
3. La "Historia de la sucesión al trono de David" (2 Sam 9 - 1 Re 2)
Presenta una admirable unidad y perfección literaria; es el monumento narrativo de la historiografía israelita. El relato es vivo y pobre en recursos "milagrosos" (no hay intervenciones extraordinarias de Dios), pero rico en sentido religioso. La historia es intrincada, con momentos de gran patetismo (cf. 2 Sam 18,19 - 19,9: comunican a David la muerte de Absalón). David es presentado de forma realista, tanto en sus dotes excepcionales de gobernante, como en sus errores.
En ella se cuentan también episodios tan famosos como el adulterio de David y el asesinato de Urías (2 Sam 11), el incesto de Amnón y Tamar (2 Sam 13), la rebelión de Absalón y su muerte (2 Sam 15-19), la "autopoclamación" de Adonías como sucesor de David, y el afianzamiento de Salomón como legítimo sucesor (2 Re 1-2).
5. Los dos libros de los Reyes
A la muerte de Salomón, el reino del norte se rebela contra Roboam, hijo de Salomón, y proclama la independencia del reino. Desde entonces Israel y Judá caminarán por separado.
1. Historia del reino de Israel
Su figura principal es Jeroboam I, rebelde contra Salomón y Roboam, primer rey del Israel secesionista.
EL "PECADO DE JEROBOAM": EL CULTO PARALELO (cf. 1 Re 12-13)
Jeroboam I instaura un reino paralelo, con un culto a Yahvé paralelo al culto que se le tributa en Jerusalén.con clero, templo y fiestas propias.
Los santuarios de este culto serán Dan y Betel.
Aplica modalidades cananeas: el símbolo de Yahvé serán los dos becerros de los santuarios.
Este será el "pecado de Jeroboam", el "pecado original" del reino del norte, que será el causante de todos los males del reino, a los ojos del deuteronomista.
INESTABILIDAD POLÍTICA
La monarquía del reino del norte no tiene un estatuto hereditario ratificado por Dios, como la dinastía davídica. Así, los reyes y las dinastías se suceden en medio de violentos golpes de estado y luchas intestinas.
La dinastía de Omrí da una cierta estabilidad al reino, permitiendo incluso la centralización del estado en torno a la recién constituida capital de Samaría. Esto favorece el crecimiento económico, que alcanza su culmen bajo Ajab.
El golpe de estado de Jehú liquida la monarquía, e instaura un régimen más próximo al yahvismo puro. Con Jeroboam II se alcanza otro periodo de esplendor, en medio de graves injusticias sociales, y corrupción religiosa y política.
LA CAÍDA DEL REINO
Desgastado por las luchas internas, el reino de Israel busca alianzas con Siria para hacer frente a la amenaza de Asiria. Es la época de la guerra siro-efraimita.
Tras una primera invasión por el rey asirio Salmanasar V, que absorbe la parte norte del reino, Samaría cae definitivamente en el 721 bajo Sargón II.
CICLOS DE ELÍAS Y ELISEO (1 Re 17 - 2 Re 8)
Constituyen relatos autónomos dentro de la gran narración de la historia del reino de Israel. En ellos destaca la figura de estos dos profetas, que destacan por:
Defender el yavismo puro frente al sincretismo y paganismo del reino.
Ejercer la crítica al poder cuando éste se corrompe.
JUICIO SOBRE LOS REYES
Aunque el reino del sur no ha "contraído" el "pecado de Jeroboam", este reino tienen también sus infidelidades, a los ojos del deuteronomista.
Por eso a los reyes se les clasifica en:
Impíos, que favorecen la degeneración del yahvismo: Roboam, Abías, Acaz, Manasés, Amón, Joacaz.
Aceptables, que no favorecen el paganismo, pero tampoco extirpan de raíz la idolatría popular, permitiendo los "altos" o santuarios locales: Asá, Josafat, Amasías, Azarías, Yotán.
Ejemplares, que promueven una auténtica reforma religiosa yahvista: sólo Ezequías y Josías.
FRAGILIDAD DE JUDÁ
El reino goza de la estabilidad institucional que le proporciona la perpetuidad de la dinastía davídica. Pero al mismo tiempo tiene una gran fragilidad, motivada más por presiones externas de las potencias extranjeras (Asiria y Babilonia), que por luchas internas.
Su posición geográfica más escondida, y una hábil gestión de las crisis por parte de los reyes, prolongan la existencia del reino de Judá cuando ya el reino de Israel no existe. Pero aun así, en el 586 es invadido por Nabucodonosor.
A los ojos del deuteronomista, y siguiendo la "teoría de la retribución" propia de esta escuela, la ruina de Judá viene motivada por un pecado; en este caso, el "pecado de Manasés" (cf. 2 Re 23,26-27).
Escribe
al profesor (José Alberto
Garijo) si tienes alguna duda